El Argar alicantino. La Edad del Bronce en el Bajo Segura y Bajo Vinalopó
Resumen:
Hacia mediados del siglo pasado, y gracias a los trabajos del insigne prehistoriador valenciano Miquel Tarradell (1949), quedó roto para siempre el paradigma que había hecho sinónimos los términos “Argar” y “Edad del Bronce” para la península ibérica. Hasta ese momento, a la “Cultura de El Argar” –reconocida y caracterizada a finales del siglo XIX por los hermanos Henri y Louis Siret (1890)– se la suponía extendida y proyectada desde su foco almeriense a todo el resto de la península. Las tesis de Tarradell, en cambio, defendían justificadamente la existencia de otras áreas culturales diferenciadas y plenamente contemporáneas a la cultura argárica, la cual debía quedar restringida territorialmente al ámbito del Sureste sensu stricto: las provincias de Murcia y Almería, en donde se situaban la mayoría de los yacimientos explorados por los Siret. Más allá de esta “área nuclear argárica”, en sus aledaños –como la zona oriental de Granada o el sur de Alicante– se constataba también la existencia de asentamientos con rasgos inequívocamente argáricos cuya presencia, sin embargo, decaía claramente (a veces abruptamente) a partir de un determinado punto. Sin embargo, desde los fundamentos culturalistas desde los que se abordó entonces esta cuestión resultaba imposible concretar en el espacio una delimitación precisa entre El Argar y el resto de las “áreas culturales” identificadas. Desde aquel momento, y durante un largo periodo, las tierras del sur de Alicante –en esencia, las cuencas del Bajo Segura y del Vinalopó– quedaron indisolublemente ligadas a un vivo debate que trataba de esclarecer dónde debía fijarse la delimitación septentrional del espacio argárico y su frontera con el denominado “Bronce Valenciano” (Tarradell, 1965; Hernández, 1986).